miércoles, 4 de agosto de 2010

Chile no adhirió a consenso de países latinoamericanos en temas de género


“De mantenerse este tipo de discurso y de refrendarse en políticas públicas, el gobierno de Sebastián Piñera tendrá que asumir las consecuencias de sus propios actos; nuestras movilizaciones se intensificarán”, señaló Natalia Flores González, secretaria ejecutiva del Observatorio Género y Equidad (OGE).

La activista manifestó su incomodidad ante la medida impulsada por el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), este 27 de julio, que en un documento publicado en su sitio Web indica que Chile se abstiene frente a temas asociados a leyes de aborto terapéutico, acuerdo que fue propuesto recientemente por el Consenso de Brasilia -acuerdo latinoamericano de países sobre temas de género, realizado el 16 de julio pasado-.

Por medio de su comunicado, el Sernam expuso que “en concordancia con lo planteado en el programa de gobierno del Presidente Sebastián Piñera, lo relativo a “aborto” no se incorporará en las definiciones y lineamientos de políticas públicas”, fijando su postura respecto a los puntos relacionados con derechos sexuales y reproductivos.

Ante esta situación, la ejecutiva del Observatorio Género y Equidad indicó que el debate sobre el aborto terapéutico se encuentra instalado en la sociedad: “La actuación del Gobierno chileno al reservar la parte del Consenso de Brasilia que hacía mención a la salud reproductiva y el aborto, no va a lograr que las y los chilenos dejemos de hablar de la necesidad de su despenalización, y menos que las organizaciones que trabajamos por el derecho humano de las mujeres a decidir sobre sus propias vidas nos censuremos”, señaló.

Entre los puntos más relevantes que figuran en el citado Consenso de Brasilia, se incluye la intención de extender el tema del aborto terapéutico a todo el territorio iberoamericano, respetar e impulsar leyes relacionadas con igualdad de género y sobre todo la realización de políticas urgentes que persigan el objetivo de elevar las remuneraciones de las mujeres en sus puestos laborales.

La primera medida –aborto terapéutico- fue respaldada de forma inmediata por el presidente de Brasil, Luis Inácio ‘Lula’ Da Silva, quien instó a los 32 países integrantes de la XI Conferencia de la Mujer de América Latina y el Caribe a suscribirse a este tratado y despenalizar el aborto en América Latina.

Chile es el primer país del continente en responder negativamente a esta petición, con la declaración de la ministra del Sernam, Carolina Schmidt, quien enfatizó el carácter “pro-vida” del Gobierno: “Nuestro país mantuvo una postura flexible y respetuosa, de manera de no dificultar las posturas soberanas de las naciones participantes”. Y “se propuso incluir en el mismo acápite un artículo sobre “Enfermedades Transmisibles”, tales como el cáncer cérvico uterino y cáncer de mamas, entre otras, causantes de gran parte de la muerte de mujeres en Chile y otros países del continente”.

A esta polémica, en materia de género, se suman las últimas declaraciones de la vicepresidenta de la Junji, Ximena Ossandón, quien ha tenido que justificar en varias ocasiones sus desaciertos respecto a la extensión del horario de las salas cunas de esta institución y ha debido lidiar con las constantes ofensivas de los sectores más progresistas que abogan por una reformulación de los roles de género y una mayor participación del Estado en generar políticas públicas en materia de equidad.

Natalia Flores, considera que los últimos sondeos de la encuesta CEP, que ubican al presidente Sebastián Piñera como uno de los mandatarios con el menor respaldo ciudadano desde el retorno de la democracia, con sólo un 45% de apoyo popular, se deben a “la incoherencia entre el discurso y las reales actuaciones del Gobierno y las autoridades que lo representan”. Y agrega que esto tendrá “influencia en su porcentaje de aceptación”. Por otro lado, considera que “los dichos de la vicepresidenta de la Junji, del Superintendente de Salud y de la propia Ministra del Sernam, demuestran un sustrato ideológico-político conservador, del que la mayoría de las y los chilenos no nos sentimos representados/as”.

Por Daisy Alcaíno J.

El Ciudadano